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Que hacer si nos perdemos
Lo de perderse por los montes es un problema que la mayoría de los
excursionistas no tienen en cuenta; parece que sea algo imposible, que
no le puede pasar a uno mismo, y que "vaya tontada, cómo me voy a
perder". Y sin embargo sucede mucho más a menudo de lo que puede
parecer. Un estudio hecho en Francia hace pocos años, mostraba que la
mayor parte de los accidentes no sucedían a alpinistas que se habían
metido en lugares muy altos por sitios muy difíciles, sino que la
mayoría correspondían a terrenos que rondaban los 2.000 metros, sin
dificultad aparente y debido a desorientaciones y pérdidas. Algunos
terminan con finales más felices y otros con menos.Y casos no faltan. Un amigo mío tuvo que sacar a un grupo de monitores de campamento con sus respectivos niños de la cubeta de un lago en el Pirineo en el que la entrada es evidente, pero la salida no tanto, sobre todo -como era el caso- cuando la niebla le caía encima. Al cabo de dar vueltas alrededor del susodicho, al final no sabían siquiera en que extremo del lago se encontraban. Y la tarde pasaba, y la noche se iba acercando. Otros casos más trágicos son los de una familia en Francia que se perdió en una pista de esquí de fondo balizada, nada menos, con resultado de muerte por hipotermia de los padres (que, dicho sea de paso, poco hicieron para salvarse; ni siquiera se les ocurrió hacer una hoguera, en un sitio en el que había madera). Podría seguir enumerando casos que conozco, directa o indirectamente, pero no es ese el asunto. Lo que sí me gustaría es que se tuviera en cuenta que la posibilidad de perderse es real, dar algunos consejos para evitar que esto ocurra, y si ya ha sucedido, saber como salir de ahí lo mejor posible.
Claro está que perderse tiene sus grados. Los hay que se han equivocado de pico, y en vez de subir la Mesa de los Tres Reyes han terminado en la cima del Petrechema. Pero, en fin... no es grave. Lo grave es cuando el excursionista llega a darse cuenta de que no tiene ni puñetera idea de donde está, o se da cuenta de donde está pero no puede salir de allí. Quedarse en un sitio "pillado" no deja de ser una forma de perderse.
¿Por que nos perdemos? Pues hay varios factores, y muchas veces no es uno solo el que actúa sino que se da una conjunción de circunstancias. Vamos a ver despacio el asunto.
Uno de los factores principales, causa de la mayoría de las pérdidas es la niebla. Y es que es terrible, hasta el punto de que terrenos conocidos por los que el excursionista ha pasado cien veces pueden convertirse en cuestión de un momento en un problema severo. La niebla no solamente no deja ver, sino que además, deforma los relieves y crea ilusiones ópticas alucinantes (y la palabra nunca está mejor empleada que aquí). Hace muy poco, en un gran circo del Pirineo (Troumouse), lugar que conozco bien, se me echo la niebla encima en un gran llano; seguí avanzando orientándome con el mapa, hasta que en un momento me encontré en el borde de una profunda cubeta de paredes escarpadas que no me sonaba de nada, pero de nada en absoluto; como el día estaba que tan pronto caía la niebla como se iba, decidí parar un rato a beber y comer alguna cosilla. Cuando la niebla se disipó, la terrible cubeta no era más que una bajadilla de cuatro o cinco metros de profundidad, a la que se bajaba por una pendiente tirando a suave. Malas pasadas de la niebla. El mismo día seguí avanzando por terreno conocido y volvió a echarse la niebla más veces; en una de ellas saqué el mapa, lo orienté con ayuda de la brújula sabiendo exactamente donde estaba, y me sorprendió ver que había perdido "el norte"; es decir, que si hubiera seguido "a ojo" hubiera tomado una desviación impresionante con respecto a donde quería llegar. El resto del día, seguí navegando con la brújula. Si la niebla hubiera sido persistente y no hubiera llevado el mapa y la brújula, me hubiera perdido fijo.
Y la niebla cuando hay nieve es la releche. Esos días en que la niebla, la nieve y el cielo se confunden y no se ve más que una mancha blanca delante de los ojos, sin ningún relieve ni punto de referencia, que no se sabe si delante hay un agujero o una subida. Una vez vi a un compañero caerse en una barranquera, en uno de tales días, de diez metros de profundidad y muy escarpada; como la nieve estaba blanda no pasó nada, pero lo realmente inquietante es no haberla visto. Otro compañero se empotró una vez con los esquís contra una pared de nieve, dejando su silueta marcada como en los dibujos animados. Esos días en los que no se ve nada son muy peligrosos y son ideales para perderse del todo.
Otro de los factores de pérdida importantes es la noche, claro. En la oscuridad, todos los gatos son pardos, y todos los terrenos son parecidos. ¿Por que puede caernos la noche encima y nos podemos perder? Puede suceder que hayamos hecho un mal cálculo sobre el horario previsto, puede que hayamos tenido un problema añadido que nos haya hecho perder tiempo, puede que hayamos sobrevalorado nuestras fuerzas y hayamos tratado de tragar un bocado demasiado gordo... O lo peor, que se nos haya hecho de noche porque nos hemos perdido ya; entonces sí que la hemos hecho buena.
Otra posibilidad que puede suceder es que nos hayamos metido en un mal terreno. "Que si parece que es por aquí, que si subiendo por allá se tendría que llegar, que si una trepadilla, que si seguimos por ahí, que si otra trepadilla, por aquí no se puede seguir, mira a ver trepando por ahí..." Y así se cae en una trampa muy, pero que muy clásica. Lo que parecía un terreno abordable desde abajo resulta no serlo tanto una vez "in situ", y nos metemos en una embarcada de la que luego no podemos bajar, o nos arriesgamos a meternos un leñazo serio. Así, poco a poco, y con una tozudez equina nos hemos metido en una trampa; nos hemos perdido.
¿Como funciona?Otro factor es una mala lectura o interpretación de los mapas. Conocí unos fulanos que se perdieron porque vieron en el mapa que estaban cerca de un pueblo. Como no tenían ni idea de como se leía un mapa ni de lo que eran las curvas de nivel, no se dieron cuenta de que entre ellos y el pueblo había poca distancia, sí, pero también un desnivel de 1.000 metros entrecortados de precipicios y barreras de rocas.
Y está el despiste puro y personal. He conocido gente que se ha perdido en senderos bien balizados, por no haber visto balizas muy gordas que estaban justo delante de sus narices. Y es que si se sigue un sendero balizado, hay que desarrollar (y esto viene con la práctica y la costumbre) una cierta capacidad para ver las balizas.
Bueno, pues con todo esto...¿que hacer para no perderse? Pues lo primero es tomar conciencia de que esto puede llegar a pasar, y poner ojo y medios para que no suceda. Y esto ya es mucho. Lo segundo y más importante es conocer al dedillo las técnicas de orientación. Es alucinante la cantidad de excursionistas que salen por ahí sin un mapa ni una brújula en la mochila. Estos instrumentos son imprescindibles y deben de estar entre el material cada vez que salimos por fácil o corta que sea la excursión planeada. Pasa también que estos instrumentos -como todos- no sirven para nada si no se saben utilizar, así que todo excursionista que sale al monte, tiene que aprender a manejarlos, bien a través de un cursillo, o comprando manuales, y practicando intensivamente las técnicas que en él se explican. La orientación es una técnica y no un don del cielo, y como todas las técnicas pues se aprende. Poco a poco hay que acostumbrarse a manejar la orientación cada vez mas "fina". Acordarse de la experiencia que contaba un poco más arriba en el circo de Troumouse: estaremos a punto cuando tengamos más confianza en nuestra técnica y nuestros instrumentos que en la creencia (que puede ser errónea si nos hemos desorientado) de que "tiene que ser por ahí".
El hecho de seguir un sendero balizado no exime al excursionista de llevar el mapa y la brújula, ya que las balizas -por cuestiones naturales o humanas- pueden haberse perdido. Si al cabo de un buen trecho no vemos balizas o llegamos a un punto en el que nos hacemos un lío, hay que volver a la última baliza y a partir de ella (a veces con ayuda del mapa), ver dónde nos hemos equivocado.
Claro que hay terrenos en los que es más fácil perderse que en otros. En caso de niebla, o si la niebla amenaza, mejor no salir por terrenos ondulados o de hierba en los que los senderos sean prácticamente inexistentes o haya una multitud de senderos para el ganado que nos despisten. También los bosques cerrados con los senderos cubiertos de hojas en otoño o nieve en invierno son en caso de niebla (y a veces sin ella) un buen terreno para el extravío. Y los lapiaces (terrenos calcáreos extensos llenos de grietas y simas) son de los peores terrenos en caso de falta de visibilidad; las vueltas lógicas que hay que dar para sortear las grietas, harán que nos desorientemos sin remedio. En días de niebla evitaremos, pues, estos lugares en los que se navega "a vista" y elegiremos excursiones por buenos senderos que se vean bien, o caminazos sin pérdida.
En caso de duda, o si vemos que ya nos hemos perdido, lo último que hay que hacer es emperrarse en seguir avanzando cerrilmente ya que esta es la mejor manera de perderse del todo. Mejor dar marcha atrás, hasta un punto conocido, e intentar rectificar, o si ya no nos aclaramos, mejor volver por el mismo camino al refugio o al pueblo. Pero siempre pensar que perseverar en el error suele ser fatal. Y lo mismo si vemos que el terreno se vuelve demasiado duro o difícil; mejor rectificar antes que llegar a un punto en el que no podamos dar marcha atrás sin poner en peligro grave nuestra seguridad.
¿Y si nos cae la noche encima? Pues entonces, depende. Si el excursionista está totalmente seguro de poder salir por sus medios, pues allá que vamos. Si no, antes que emperrarse en avanzar a trompicones en medio de la noche para seguir perdiéndose más, pues hay que plantearse el vivaquear. Vivaquear exigiría un artículo entero como este (que haré algún día) pero de momento unos consejillos así a bote pronto, pero fundamentales. Si hace frío o estamos mojados, el refrescón de la noche puede ponernos en peligro de hipotermia; así pues, buscar un lugar abrigado, protegido del viento que aumenta la sensación de frío, aislarse del suelo si está frío o mojado con la mochila o con ramas, encender una hoguera si es posible (y si estamos seguros de no meter fuego al monte). Llevar en la mochila en prevención un cierto material de sobra como algo de comer, un hornillo y una cacerola, una linterna, etc... es más que útil. No dormir, salvo que llevemos en la mochila buenos sacos y colchonetas aislantes; si no tenemos este material, sentarse (aislados del suelo) y acurrucarse para guardar el calor. Un teléfono móvil es una buena cosa para calmar a la familia y avisar que nos vengan a buscar (la familia no, un grupo de rescate); si no hay cobertura o no se tiene el aparatillo, dejar avisado dónde pensábamos ir y por qué camino en el albergue, el refugio o la familia misma (vieja norma validísima). La noche que pasaremos si no llevamos material de vivac será memorable, pero podemos salir enteros de ella.
Buena excursión y "no perder el norte".
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